Análisis de Helldrivers

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El elemento diferenciador lo hallamos en las “estrategemas” ¿Cómo se ha trasladado este argumento a un videojuego? La resolución la hallamos de renovado en Magicka, la previo obra del estudio. De ahí se recupera una cámara aérea parecido a la de juegos como Diablo, por ejemplo, o la necesidad de cooperar para que la misión sea un éxito. Un más que indispensable manual a la vez está presente, ya que se requieren asimilar algunos conceptos más allá de los controles habituales. Por una parte, podemos apuntar en todas direcciones, tumbarnos en el suelo, esprintar, golpear cuerpo a cuerpo…acciones comunes que han sido trasladadas con enorme acierto a esta perspectiva. No obstante el elemento diferenciador lo hallamos en las “estrategemas”, unas cápsulas que nos sirven como baliza para guiar los paquetes de apoyo que aterrizan sobre el escenario.

Como si fuera un combo en un juego de lucha, debemos marcar direcciones en la cruceta para solicitar uno de estos extras. Hay combinaciones sencillas, como la que utilizamos para solicitar munición, algo básico, no obstante cuando desbloqueemos el robot pilotable o el vehículo de transporte nos tocará concentrarnos para no pifiarla. Estas estratagemas acoplan como anillo al dedo dentro del intento de simulación que presenta Helldivers. Sus mecánicas son las típicas que se ven en cualquier juego de acción, no obstante existe una salvedad demasiado importante: hay fuego amigo. Esto representa que debemos estar principalmente atentos antes de apretar el gatillo. Ya no solo contamos de despistes fatales que puede tener vuestro amigo por intentar defendernos, sino de una torreta automática a la que le importa muy poco lo que se cruce por delante. Pies de plomo para un arcade que no lo es tanto.

Aunque para continuar profundizando en las virtudes de este peculiar handicap, debemos entender antes las claves de su desarrollo. Para empezar, nos tocará seleccionar cuál de las tres razas enemigas queremos combatir: cyborgs, bichos o iluminados. Cada una de ellas habita en su galaxia particular, y dentro de éstas hallamos una cantidad indefinida de planetas. Así se presentan las misiones, en pequeñas áreas generadas de manera procedural que están catalogadas dependiendo de la dificultad del objetivo. Elegimos dónde aterrizar, cumplimos los dos o tres encargos de turno y pedimos la evacuación. De esta manera iremos “repartiendo democracia”, hasta que la balanza se equilibre a vuestro favor y podamos por término conquistar la base enemiga. Si por el contrario mostramos pasividad o torpeza, nos tocará defender vuestra querida Supertierra.

Helldivers es un juego pensado para el multijugadorHelldivers es un juego pensado para el multijugador, de ahí la enorme cantidad de facilidades de las que dispone. Da igual si jugamos desde una PlayStation® 3, 4(cuatro) o Vita. Podemos coincidir online gracias a la característica cross-play y hablar por micrófono con su chat cruzado. No importa si somos dos compañeros en casa y se quiere integrar alguien más con su Vita desde 1.000 kilómetros de distancia. Todo está permitido. Así no solo se busca proporcionar la maestría por cuestiones numéricas obvias, sino que se resistencia la diversión y el buen -o mal- compañerismo. Tirar una cápsula en un mal sitio u descuidarnos de ella puede propiciar que vuestro amigo estalle en pedazos tras el impacto de la caja, y la cuenta atrás de la evacuación logra tintes dramáticos si no llegamos a tiempo. En la obra de Arrowhead se abraza la acción con el humor de una manera brillante, y ni siquiera es indispensable que conozcamos a vuestros compañeros. El sencillo hecho de estar alerta ante los desplazamientos de ese desconocido con el que acabas de encontrarte, le da un plus de tensión muy disfrutable.

El primordial problema de este juego es que, irónicamente, se queda corto de contenido. La idea es muy buena, y su ejecución no posee prácticamente ninguna fisura. Si miramos la transformación del personaje, por ejemplo, no podemos achacar nada: la sensación de avance pasa por mejorar mejorar traje, armas y estratagemas. Sin embargo, no pasa lo mismo con las misiones. Los planetas o arenas de combate no invitan a que sean explorados (más allá de hallar muestras que nos dan puntos de experiencia), y los propositos acaban repitiéndose más de lo debido. Ni siquiera poder seleccionar el lugar de aterrizaje añade un componente táctico relevante. A Helldivers se le nota mucho entusiasmo y ganas de gustar, y de hecho lo obtiene durante las primeras horas, no obstante no termina de cuajar. Ojo, lo mismo le pasa a juegos como Destiny (con el que aguanta una comparación por los pelos), no obstante la diferencia en cuanto a valores de fabricación puede decidir su atractivo a la larga.

Al estar construido como un universo persistente, conseguiremos mirar en todo instante cuánta influencia tienen los jugadores(gamers) en cada una de las galaxias. Esto nos admite -siempre que tengamos un nivel alto- adoptar el papel de líder de la milicia, ayudando a los más novatos a adentrarse en terreno inhóspito. De esta forma seremos los primeros en anunciar el estratagema que los resucite, y no dudaremos en prestarles un robot para que la misión no se les haga cuesta arriba. No obstante más allá de eso y del buen rato que pasaremos con amigos, me cuesta hallar la motivación requerida para volver a jugarlo. Quizás Vita posee la clave. El concepto de Helldivers es válido tanto para partidas largas como para un par de incursiones planetarias de no más de 15(quince) minutos, y ahí está la diminutiva de Sony® para dar que hablar.

Técnicamente se comporta muy bien, sobre todo a nivel de escenarios y animaciones. Los primeros son bastante variados, tanto por diseño(design) como por climatología, y en cuanto a lo segundo, hay detalles tan insignificantes que nos harán esbozar una sonrisa. La banda sonora pasa por temas épicos muy corrientes y a veces machacones, y son acompañados por chascarrillos de los Helldivers realmente divertidos. Que no os extrañe escuchar gritos de guerra de lo más absurdos, como un juego de frases lamentable tipo “¿quieres té? ¡Pues toma libertaza!”. Estos diálogos están doblados al español, y toda la interfaz llega excelentemente localizada para no perdernos entre los menús de navegación, la mayoría situados en la nave que funciona como punto de encuentro.


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