Análisis DmC: Definitive Edition

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Lo 1.º a destacar es la campaña de Vergil, hermano de Dante. Desde aquí no aconsejamos que os lancéis de forma directa a por esta aventura, ya que comienza justo en el tramo final de DmC, por lo que si no habéis jugado, elegid 1.º al bueno de Dante. Esta campaña secundaria se trata ni más ni menos que del descargable “La caída de Vergil”, un descenso a los infiernos del hijo de Sparda buscando respuestas. El manejo de este personaje es muy parecido al de Dante, no obstante pronto nos daremos cuenta de algunas carencias que lo vuelven levemente más tosco, requiriendo un aprendizaje que nos llevará unas horas hasta dominarlo.

Otra de las enormes anécdotas es el modo difícil. Quizás la palabra más acertada para determinar esta alternativa sea “clásico”, ya que retoca casi por completo el gameplay para acercarlo a los Devil May Cry originales. Esto quiere declarar que asimismo de ponernos las cosas más complicadas por la firmeza de los enemigos, no nos sera tan fácil aumentar el marcador de combos. También se ha aprovechado para equilibrar algunas armas, reduciendo el daño de las más letales y incrementando el de otras cuyo uso no pasaba de lo marginal. Han reunido todo el feedback de los fans para ir cambiando de aquí y de allá hasta dejarlo como debió ser en un principio. Incluso las batallas contra los jefes se han visto alteradas para que no sean tan “automatizadas”. Este lavado de cara es sin incertidumbre mucho más delicado que el técnico, y por las horas que le hemos dedicado, nos ha llegado a entusiasmar el mimo con el que se intentaron ciertos aspectos. Hasta los coleccionables están en lugares distintas para que volvamos a examinar el escenario.

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Tampoco faltan extras como nuevos trajes, otros niveles de dificultad que no nos aceptan utilizar objetos o accidentar al enemigo hasta que consigamos la valoración S, o el curioso modo Turbo. Éste aumenta la rapidez del juego en un 20%, poniendo a prueba al gamer a la hora de obtener combinar correctamente para que la coreografía sea impecable. Se puede activar al inicio de cada fase, y añade un punto más de tensión a un juego que nos pide concentración y habilidad máxima si queremos acabar cada combate con una enorme puntuación. Desgraciadamente, estos cambios, que parecen hechos por y para fans, no consiguen arreglar el tramo final de la aventura, falto de ideas jugables al haber retorcido por completo todas las mecánicas existentes. De todas maneras, DmC, más allá de los estético, fue penalizado por su escasa profundidad, algo que aquí se ha arreglado con creces, por lo que si antes nos hallamos con un buen juego, ahora se ubica a la altura de los mejores del género. Para acabar con las avances puramente jugables, por término tenemos un botón con el que bloquear objetivos, agregando asimismo un gráfico con la barra de vida del mismo, para medir en todo instante cuál es el enemigo prioritario.

El apartado artístico continua siendo envidiable, así como el sonoro, con una buena banda sonora y un doblaje al castellano que satisface y en el que desgraciadamente falla la sincronización labial, como en muchos títulos que vienen localizados. Como podéis leer, todas las anécdotas se centran en aquellos que supieron verle carencias al original. Por lo que, lamentablemente, solo se puede recomendar al mayor de los fans, o por el contrario, a aquellos que no lo hayan jugado anteriormente y quieran gozar de un enorme juego de acción. Los que ya le dieron una posibilidad hace un par de años no van a hallar contenido inédito más allá del descargable centrado en Vergil y variedad de trajes y modos de dificultad.


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