De Theranos a Gowex: los mayores ‘epic fail’ de la década en el mundo de las startups

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De Theranos a Gowex: los mayores ‘epic fail’ de la década en el universo de las startups

Theranos, Zetta, Juicero, Factoo, Gowex… Aunque el universo de los emprendedores posee enormes ejemplos de empresas que laborar para adquirir sus metas, la ultima década nos ha dejado un surtido de escándalos y fracasos que, en muchos casos, nada tienen que mirar con los riesgos de inventar una empresa.

Dicen que cualquier época pasada fue mejor. Para otros, la realidad es que cualquier tiempo previo es lo único que queda y, por muchos motivos, se han ido quedando por el camino.

Las estadísticas no viven del lado de los emprendedores. 9 de cada 10(diez) empresas que se hacen terminan diluyéndose por el camino en sus primeros tres años de vida. Un mal enfoque del modelo de negocio o la copia de modelos ya existentes sin tener en cuenta las peculiaridades del mercado. No plantear bien el negocio, o copiar otros modelos sin adaptarlo a la realidad local son algunos de los motivos que vienen replicándose desde hace años. Otros, facilmente toman malas decisiones en el peor momento. Algunos otros facilmente prefieren por técnicas menos ortodoxas que, con los años, les ha hecho ganarse el puesto de los enormes fracasos o, en alguno de los casos, las enormes estafas que ha tenido el emprendimiento en la ultima década.

Diez años que, echando la vista atrás, han transportado alguno de los ejemplos que provocaron, entre otras cuestiones, la pérdida de la inocencia. Esa concepción naif de la tecnología y las empresas de renovado cuño, como adalides de la integridad empresarial, se diluyó con alguno de los enormes dramas del sector.

Sin incertidumbre alguna, un acaecimiento marcó un antes y un después. Directamente desde Estados Unidos, y vendida como la promesa de Silicon Valley venida a cambiar el universo de la ciencia y las pruebas médicas, Theranos supuso la decepción más enorme para el ecosistema tras años de fe ciega.

Fundada en 2003 por Elisabeth Holmes, fue realmente a mediados de la pasada década cuando la empresa hizo a medio universo contener la respiración. ¿Podía ser la promesa del Valle una de las mayores estafas? Tras años de sostener en secreto los misterios de la máquina que, según sus datos, tenía la capacidad de analizar infinidad de patologías con una sola gota de sangre un capítulo de investigación de The Wall Street Journal puso sobre las cuerdas la credibilidad de Theranos. Hoy, esa misma historia ha merecido la publicación de su propio libro y reportaje en HBO.

Millones de dólares en financiación, el soporte de alguno de los mayores inversores de Estados Unidos, miembros de la política y del ejército de diluyeron ante la evidencia. ¿Cómo pudo suceder? Era la consulta que muchos se hicieron tras destaparse el caso. La circunstancia de que una mujer, de las pocas en aquel momento, liderase una empresa biotecnológica tras haber dejado de forma prematura su carrera –era considerada la heredera de Jobs o Zuckerberg– era demasiado jugosa para un sector altamente tradicional. Si a eso le sumamos el férreo control de Holmes sobre sus empleados, aliñado con una pizca de temor y contratos de confidencialidad leoninos, tenemos el caldo de cultivo perfecto.

Tres años duró la compañía tras la publicación del capítulo en 2015. Hoy, Holmes continua esperando la respuesta de un juicio por 11(once) cargos penales y 20(veinte) años de prisión manteniendo que todo lo acontecido desde 2015(año) forma parte de complot contra su persona.

¿Se aprendió la lección? Si bien es cierto que en términos de empresas vinculadas al sector médico no se ha vuelto a experimentar un caso igual, el ojo de los inversores no ha andado continuamente demasiado fino en su búsqueda del éxito. El caso de la gota de sangre como solución a todas las pruebas médicas era demasiado elaborado; pero, ¿qué podía fallar con un exprimidor de zumo?

En la simpleza de una máquina de 700 dólares, conectada a internet eso sí, para exprimir zumos residía la cuestión. 120 millones de dólares fueron los que Juicero logró levantar de un nutrido grupo de 17(diecisiete) inversores que pensaban que tenían en la mano el dorado de la tecnología. Nada más lejos de la realidad: de renovado una investigación periodística, en este caso de Bloomberg destapó la realidad de la situación. Si bien Juicero vendía la realidad de que sería irrealizable extraer el zumo de las bolsas sin la asistencia de la máquina, el medio norteamericano confirmaba –vía vídeo– que era una tarea más que simple.

Si algo se puede aprender de Juicero es que la avaricia puede romper el saco. Un saco que a la vez quebró para otra de las enormes promesas del sector audiovisual. Si todo había salido sobre ruedas para esa empresa que empezó alquilando DVDs para después convertirse en la pionera del streaming a nivel global, estaríamos conversando de Netflix, quizá la producción de una tarifa plana para el cine sería la heredera para la enorme pantalla. Error.

Movie Pass, que asimismo estaba gestionada por uno de los antiguos ejecutivos de Netflix, se propuso como la opción barata para satisfacer las necesidades de todo ese público que, queriendo ir al cine a un precio(costo) más comedido, puede gozar de una maestría parecido a la de las plataformas streaming. Si bien el idilio empezó bien, pronto empezó a crear aguas. La bajada de las tarifas con la idea de alcanzar más clientes no gustó a las enormes salas de cine: muchas de ellas comenzaron a retirarse de la oferta, lo que implicó el enfado de los abonados ante la disminución de las alternativas de origen.

Y como las desgracias no vienen solas, 2018 cerraba con una mala noticia: Movie Pass estaba siendo investigada por fraude. Las deudas y la caída en picado de su inversión y clientes terminaron por terminar con la empresa en septiembre(mes del año) de este mismo año.

Las versiones made in Spain

La década empezó con una de las operaciones más sonadas del emprendimiento en España. Tras años de éxito entre lo que era el principio de las redes sociales, Telefónica® se hacía con Tuenti -una de las primeras startups en España(País) que había conseguido superar a Facebook–. 10(diez) años después poco queda de los primeros pasos de aquella compañía, salvo el nombre. Bajo el abrigo de la telco, que desembolsó 70 millones de euros, la marca acabó diluyéndose y reconvirtiéndose en una OMV.

¿Fue una buena estrategia? En este caso, las opiniones se encuentran polarizadas. Una situación parecido a la de la compra de Oculus por parte de Facebook® o la más actual adquisición de Fitbit por Google.

Pero si hay un caso claro de fracaso fue lo que aconteció con Gowex. La promesa emprendedora en el país, que inclusive llegó a cotizar en el MAB, gozó de la misma fortuna que Theranos. En vez de gotas de sangre, la apuesta de Gowex venía por la oferta de internet en zonas públicas. Un proyecto que consiguieron vender a un enorme número de instituciones públicas, de las que se aprovecharon gracias al uso de info(datos). privilegiada.

Condenados por estafa en 2018 por maquillar las cuentas de la empresa para adquirir fondos, los fundadores de Gowex –liderados por Jenaro García– fueron cazados en un renuncio en uno de los hechos relevantes en los que se calificaba el valor de la empresa en 0.

Pero si de mentiras, y gordas, va la cuestión, el caso por excelencia en el país lo ostentan los teléfonos de la bellota. Los teléfonos de Zetta, gestionados por Unai Nieto, tuvieron su minuto de gloria en TV que pronto tornó en pesadilla. En este caso fue Forocoches el responsable de destapar la mentira.

Surgidos de la nada, una historia ya muy manida, un grupo de adolescentes desarrolla una sofisticada empresa de teléfonos en Extremadura. En un momento, en 2016, en el que Xiaomi todavía era una marca apenas conocida en el país –ahora esta situación sería inviable– Zetta encontró su dorado: comprar teléfonos a China, añadirles una pegatina corporativa con forma de bellota (la tradición ante todo) y venderlos a precio(costo) local. La realidad se les vino encima en poco tiempo y el espejismo de Unai y sus bellotas se deshizo tan pronto como llegó.

Si Unai y Jenaro pasarán a los anales de la historia, existe un personaje que ha pasado por encima de todos los protagonistas. Sin pelos en la lengua y polémico por méritos propios, Chema Escrivá, cofundador de factoo, ha estado a la cabeza de uno de los acontecimientos más sensibles para el planeta emprendedor en el país.

La alarma saltaba cuando Trabajo determinaba que las cooperativas de facturación para autónomos estaban operando fuera de la ley –concretamente en el impago de cuotas a la Seguridad Social. Tres años después y con cientos de trabajadores abandonados a su fortuna y con la responsabilidad de abonar cuotas pendientes a la Administración, Factoo cerró sus operaciones con la promesa sobre la mesa de volver tarde o temprano y por todo lo alto, según afirmaciónes de Escrivá a Hipertextual.

Y mientras algunos continuan resolviendo algunos asuntos pendientes en el mundo, otros desaparecieron hace tiempo. Lejos quedan ya los tiempos de Rockola FM, la versión-RC española que aspiraba a ser la opción de Spotify. Financiada por Cabiedes o Encinar, la empresa cerró en 2012 al no poder superar la pericia de Suecia.

Pero si de pericia estamos hablando, existen dos casos que, sin embargo de los primeros que ingresaron en sus respectivos sectores, fueron adelantados por la tangente. Jinn, la startup que buscaba ser la pericia de Deliveroo, logró 20(veinte) millones que pronto se fueron por el desagüe: competir con los enormes les salió caro y echaron el cierre definitivamente en 2017. Los gigantes mundiales liderados por Deliveroo o UberEats y Glovo a nivel nacional se llevaron el pastel de los servicios a domicilio; una circunstancia que a la vez se llevó por delante el negocio de otra empresa española Take Eat Easy. La que fuera pionera en la otorga a domicilio murió de éxito: demasiados pedidos y escasa financiación. Una cuestión que, sin embargo, demostraba algo: un fracaso puede abrir la puerta a nuevas oportunidades.

Hipertextual




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