Dirty tourism, la falta de ética tras las fotografías

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Créditos: Phototours/Michael Klinkhamer

Créditos: Phototours/Michael Klinkhamer

Tras acoplar lo básico y presionar el disparador, la cámara emprende a inventar algo a lo que ya estamos muy habituados: se levanta el espejo de vuestra rélex y la cortinilla de obturación se abre, dos factores necesarios para abandonar pasar la luz que posteriormente incidirá en el sensor. No obstante tras ese proceso mecánico hay muchos más elementos, y uno de ellos es la ética.

Una al momento no solo refleja lo que se ve
Según algunos pueblos indígenas, una sencillo fotografía(digital/análoga) posee el poder de robar el alma a aquellas personas(individuos) que quedan congeladas. Lejos de dar validez a ese mito, lo cierto es que los indios no estaban muy desencaminados en el hecho de que una al momento no solo refleja lo que se ve.

Es decir, cuando se efectua un retrato, en cierto modo a la vez se está deteniendo el lapso de tiempo correspondiente a un momento en la vida de una persona, la cual se descubre en ese lugar por alguna razón determinada. Ahí es donde entra en juego la moral de cada camarógrafo para decidir qué capturar y cuál sera la finalidad que poseerá esa imagen.

Precisamente esos valores éticos son los que no poseerán demasiado en cuenta algunos turistas de Camboya. Como Bennett Murray escribe en Phnom Penh Post, entre los visitantes del país oriental se lleva a cabo una práctica que ha sido denominada como Dirty tourism (turismo sucio u obsceno), en la que los extranjeros no quedan impresionados por los templos budistas, o las selvas tropicales, sino por los niños que recogen basura en los vertederos de Phnom Penh, la capital del país.

Créditos: David Rengel

Créditos: David Rengel

En el diario Phnom Penh Post se nos cuenta cómo Michael Klinkhamer, un camarógrafo holandés responsable de organizar tours turísticos por Camboya, en ocasiones a la vez recibe las demandas para inventar de guía hasta Stung Meanchey, un vertedero donde se acumula toda la basura de la ciudad.

Más de 5.000 familias autóctonas se dedican a la recogida de basura
Según Michael Klinkhamer, los turistas “quieren experimentar la realidad”. Y esa realidad, según se considera en la web-site de la ONG Manos Unidas, es que más de 5.000 familias autóctonas se dedican a la recogida de basura para ganar un dólar al día, un trabajo que puede durar más de 12(doce) horas diarias.

Este Dirty tourism fue noticia hace unas dos semanas en el Daily Mail debido a las instantáneas capturadas por el fotoperiodista español David Rengel, el cual se encontraba documentando la precariedad del trabajo infantil.

Sin embargo, tras llegar al vertedero y confirmar cómo un enorme número de turistas se comportaban ante el fenómeno, el camarógrafo decidió cambiar el objeto sobre el que informar. Estos extranjeros llegaban al lugar en taxis y autobuses con el único ánimo de tener la inolvidable fotografía(digital/análoga) de un niño con la cara manchada por la suciedad, lo cual, según el periodista, resultaba digno de reportar al mundo.

Créditos: David Rengel

Créditos: David Rengel

Así, David Rengel empezó a retratar la actitud de los turistas, y cómo éstos, de una forma inhumana, eran aptos de mirar la realidad a través de un objetivo(propósito) con la única finalidad de poseer una foto digna de un “viaje exótico”, lo que denominó como Dirty Tourism.

Por otro lado, el anteriormente mencionado Michael Klinkhamer, afirmaba que la acusa de David Rengel resultaba ser una postura hipócrita, ya que los turistas estaban creando lo mismo que los periodistas: inventar fotos, las cuales son una acusa en forma de periodismo ciudadano.

No obstante, aquí es donde debemos recuperar lo expuesto al inicio del post(artículo) y pensar, no solo en el hecho de tomar una imagen, sino en el significado que hay tras ésta. No solamente en la acción, sino en la reacción. En lo que no está redactado de forma explícita y que configura el modo en el que esa foto sera contemplada.

Créditos: David Rengel

Créditos: David Rengel

Aunque no vamos a negar que algunos expertos aprovechan precisamente temas de esta índole para inventar reportajes marcados por un tono morboso y sensacionalista, todo dependerá del tratamiento otorgado. Si por un lado, el documental intenta profundizar y dar resolución a una situación negativa, o si por otro, solamente pretende reflejar una triste realidad.

Contemplar a las personas como parte del entorno no debe ser una alternativa para ningún fotógrafo. Especialmente cuando se trata de dar testimonio de la pobreza, la ética con la que se tinte esa documentación sera de vital importancia para definir si estamos denunciando una situación, o colaborando con un negocio generado a raíz de ésta.


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