Marginalia: el arte de tomar notas en los libros que lees

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Marginalia: el arte de tomar informativos en los libros que lees

¿Te gusta tomar informativos en los libros que lees, o eres de esas personas(individuos) a las que se les eriza la piel cuando alguien raya un libro?

A pesar de que muchas personas(individuos) consideran un sacrilegio escribir en un libro -o, ya puestos, cualquier acto que signifique abandonar una marca física en ellos-, la marginalia está teniendo un instante de auge, ayudado por la omnipresencia de Internet y la nostalgia por los libros de papel. Comprendo excelentemente el fetichismo y la sacralización del objeto-libro, porque yo a la vez sentía dentera cada vez que veía a alguien inventar siquiera una línea sobre la página de un libro. Sin embargo, esta práctica no posee nada de novedoso: desde los manuscritos clásicos hasta Edgar Allan Poe, la marginalia posee adeptos en todas las épocas y áreas del conocimiento.

Historia de la marginalia

El término “marginalia” fue acuñado por Samuel Taylor Coleridge, un poeta y filósofo británico que acumuló tal volumen de anotaciones al margen de los libros que leía durante toda su vida, que hasta ahora han sido publicados cinco libros solamente para compilar y reunir su marginalia. Sin embargo, la práctica en sí misma es mucho previo a Coleridge: anteriormente, las informativos breves insertadas en los márgenes de un libro eran denominadas escolios, y éstos datan al menos desde el siglo I a.C. Ya para esa época y hasta el siglo XV d.C, las compilaciones de escolios eran de uso común y generaban mucho interés entre investigadores y lectores.

El hábito de escribir en libros es, pues, una forma de no estudiar pasivamente, sino de ingresar en una contribución con el texto y con el autor, en un ejercicio creativo en términos de igualdad: George Steiner definía a un intelectual como “aquella persona que lee un libro con un lápiz en su mano”. Leer de manera activa exige pensar, comprender, hacerse preguntas, y el hábito de tomar informativos sobre estas ideas e interrogantes no es más que una forma de registrarlas, eludir que se pierdan en el olvido.

Notas en edición incunable de “In duodecim libros Metaphysicorum Aristotelis expositio” de Santo Tomás Aquino. Fotografía de Provenance Online Project, bajo licencia CC BY 2.0.

Sistematiza tu marginalia y sácale partido

Al mejorar el proceso de lectura con vuestras propias anotaciones y colaboraciones al texto, estamos a la vez construyendo un cuerpo propio de citas, ideas y direcciones en las cuales podemos continuar vuestra investigación, vuestros intereses y vuestras futuras lecturas. Transferir estas informativos a un “commonplace book” o libro de citas, o inventar un fichero o facilmente una libreta de Evernote donde guardemos estas referencias, puede ser de una enorme aplicación para permitirnos mirar y analizar de forma cohesiva y con mayor precisión cuáles son los temas que nos interesan de manera continua, y por supuesto, para poder referenciarlos en el futuro con mayor facilidad.

Igualmente, puede resultar útil desarrollar un sistema de signos personal para marcar aquellas ideas que no comprendemos del todo, o sobre las cuales queremos indagar más (similar, quizá, a los signos usados al elaborar un bullet journal). Esto puede ahorrarnos tiempo y proporcionar el proceso, puesto que no todas las informativos que queramos hacer, necesariamente tengan la precisión requerida todavía para ser expresadas en palabras.

Del mismo modo que continuamente sugiero echar un vistazo a la bibliografía de aquellos libros que te hayan gustado mucho, considero que dar su justo valor a la marginalia es indispensable para un buen lector. Es tan importante, que incluso los lectores de e-books incluyen la oportunidad de inventar anotaciones y resaltados en el texto, y quien hace esto de manera sigue en Kindle se encontrará al final con una fortuna de collage de textos provenientes de los más diversos orígenes, que a término de cuentas no es sino el “libro de citas” de toda la vida.

Las informativos de una determinada persona pueden agregar o restar valor a un libro desde un punto de vista objetivo, no obstante la colección de marginalia de una persona determinada es invaluable para sí misma: comprende su conversación, dinámica y en evolución, con los libros que ha leído y con la persona que era en el instante en que los leyó, y constituye una adición inestimable, un apéndice indispensable a la biblioteca, literal o metafórica, de cualquier lector.



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