Mitos y verdades sobre las encuestas electorales

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Mitos y verdades sobre las encuestas electorales

¿Existe manipulación en las encuestas electorales? ¿Cómo se cocinan los datos obtenidos? ¿Son más realistas los sondeos elaborados por los partidos políticos a nivel interno? En la recta final de la campaña, comentamos cómo se llevan a cabo estas investigaciones.

En la 1.ª temporada de House of Cards, Frank Underwood y Peter Russo se anuncian confiados ante la inminente aceptación del proyecto del río Delaware en el Congreso. Las votaciones, finalmente saboteadas por Claire Underwood y Remy Danton, son un ejemplo del complejo equilibrio entre las expectativas, cálculos y deseos que ocurren en cualquier elección. En los últimos días, con fundamento de la conmemoración de las elecciones municipales y autonómicas, hemos asistido al tradicional baile de propuestas, exhibición de candidatos y publicación de sondeos que sucede cada cuatro años. De nuevo, la aleación de expectativas, cálculos y deseos políticos salta de la ficción a la realidad.

Robert Orben, el cómico que trabajó escribiendo algunos de los discursos del director Gerald Ford, dijo que «a veces tenía la sensación de que uno vota sólo para saber si las encuestas tienen razón». Los propositos de los sondeos son diversos, ya que gracias a ellos podemos teclear el latido de la calle, entender la opinión de la comunidad y indagar su finalidad de voto. ¿Pero son las encuestas electorales una herramienta(tool) adecuada para ello? ¿Cómo predicen los resultados y por qué se equivocan tanto?

¿Cómo predecir la realidad?

En campaña, tan considerables son los sondeos como los mítines y las propuestas. Los resultados de las encuestas electorales llegan a reavivar la carrera por alcaldías como la de Madrid -donde Esperanza Aguirre y Manuela Carmena pelearán hasta el último suspiro por lograr el Palacio de Cibeles, según Metroscopia-. También dan por desaparecidos a partidos considerables en el pasado como Izquierda Unida o UPyD. E inclusive pueden equivocarse de forma estrepitosa.Las encuestas predicen el presente analizando una diminutiva parte de realidad

Ander Gurruchaga, Catedrático de Sociología de la Universidad (Estatal) del País Vasco, explica que «tendemos a pensar que las encuestas son la realidad». Sin embargo, no son más que una «técnica predictiva que trata de marcar preferencias que, hipotéticamente, si se cumplen una serie de parámetros, se pueden cumplir». Esta apreciación, por trivial que parezca, es clave. Las encuestas electorales captan imágenes(multimedia) de una diminutiva parte de la realidad, no obstante en ningún caso bridan la foto finish.

Fermín Bouza, investigador de la Universidad (Estatal) Complutense de Madrid, a la vez insiste en esa idea en un capítulo anunciado en Praxis Sociológica. A pesar de estar fundadas en técnicas de la estadística predictiva, la predicción que crean las encuestas electorales es al instante a su realización. En otras palabras, «predicen el resto de los datos buscados a partir de un número limitadísimo de éstos». Por estas características, la imagen captada en los sondeos no es más que «una predicción del presente que va de las partes al todo». Y sus soluciones no pueden adelantar el futuro.

La famosa cocina electoral

La complejidad de las encuestas electorales se hace patente en los últimos resultados ofrecidos por el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. El Partido Popular, con una finalidad directa de voto del 13,5%, contaba con una estimación de voto del 25,6%. Esta diferencia de doce puntos puede resultar sorprendente.

Bouza, sin embargo, lo explica diciendo que los sondeos pueden ser usados para la prognosis, sin embargo «el que efectua el pronóstico es el intérprete, no la encuesta, que sólo aporta datos de un espacio y de un tiempo». ¿Pero cómo acertar lo que no sabemos? Al analizar los datos de los barómetros del CIS en el último año, vemos los cambios de inclinación en la opinión pública, como el ascenso de Podemos y Ciudadanos o la caída de IU y UPyD. Hay algo que no varía: el porcentaje de personas(individuos) que no saben o no contestan cuando se les consulta acerca de la finalidad directa de voto, manteniéndose en una horquilla de entre el 20(veinte) y el 23%.

Según Bouza, los sociólogos, por las presiones de medios y partidos, se ven obligados a «imputar a los indecisos un voto y predecir lo que ocurriría hoy si se celebraran las elecciones». Estas soluciones se reflejan en la estimación de voto, un concepto resultante de la cocina electoral de los datos conseguidos en la finalidad directa de voto. Esta 2.ª info(datos). -también llamada a veces datos brutos- es la única avalada por la estadística predictiva, pues proviene de forma directa de la opinión de los individuos de la muestra.La cocina electoral obliga a imputar a los indecisos un voto determinado

La cocina electoral, sin embargo muchas veces se relaciona con la manipulación de los resultados obtenidos, es un proceso bastante complejo. Los sociólogos plantean cuestiones complementarias en los sondeos, cuyas respuestas les servirán para cocinar la finalidad directa y transformarla en estimación de voto. Con esas preguntas, los investigadores tratan de acertar hacia dónde se decantará el voto del No sabe/No contesta. Pueden hacerlo, por ejemplo, planteando cuestiones con las que atribuyen simpatía («¿Con qué partido simpatiza usted más?» o «¿De qué partido se siente usted más cercano?») o fórmulas relacionadas con el recuerdo de voto («¿A qué partido votó usted en las últimas elecciones?»)

Estas técnicas parecían válidas en el pasado, cuando el apoyo del PP y el PSOE rondaba el 80% de los votos. Si una persona se consideraba como simpatizante socialista, era más posible que votara al PSOE en las siguientes elecciones, sin embargo no lo manifestara directamente. Por el contrario, un individuo que se identificara ideológicamente en la derecha tendría más probabilidades de decantarse por el Partido Popular. ¿Sirven ahora las mismas fórmulas de cocina electoral para efectuar las previsiones?

Nuevos tiempos, viejas encuestas

Manuel Bagues, investigador de la Universidad (Estatal) Carlos III de Madrid, apuntaba hace un año(365 días) en el blogger Nada es Gratis el enorme error de previsión del CIS y de las empresas privadas que elaboran sondeos. El organismo público predecía, por ejemplo, que la suma del PP y el PSOE en las elecciones europeas de 2014 alcanzaría cerca del 60% de los votos. La realidad enseñó que entrambos partidos obtuvieron un 49% del apoyo.

¿A qué se debe este error de cálculo? Hay quien ve en la cocina una forma de manipular las encuestas electorales. Bagues, por el contrario, se decanta por un fallo más inocente. El CIS y las empresas demoscópicas podrían haber atribuido el voto de los indecisos en característica de su ideología a alguno de los dos enormes partidos. Si eres de izquierdas y no sabes o no contestas tu intención, votarías al PSOE, y viceversa. Una estrategia descrita por Bagues de manera magistral, al explicar que esta metodología «funciona bastante bien en ausencia de cambios estructurales pero, no sorprendentemente, cuando llegan las curvas, no es una buena idea continuar conduciendo en línea recta».

Impru20 (Wikimedia)

Como se ve en la imagen superior, que refleja las variaciones en la inclinación de la opinión pública desde finales de 2011, algo está cambiando. ¿Pero se adaptan las viejas encuestas a los nuevos tiempos? El CIS, por ejemplo, publicó que Podemos obtendría un 1,8% de los votos en las elecciones europeas, lejos del 3,5% que le otorgaban empresas demoscópicas como GAD3. La realidad es que la formación de Pablo Iglesias consiguio un 7,97% de los votos, convirtiéndose en la enorme sorpresa de aquella noche.

Podría parecer que el Centro de Investigaciones Sociológicas, dependiente del Ministerio de la Presidencia, cocina la estimación de voto de forma partidista. Sin embargo, en las elecciones andaluzas de 2015, la entidad pública consideró que Podemos obtendría el 19,2% de los votos, mientras que las empresas demoscópicas otorgaron una media del 15% de los votos al partido de Iglesias. ¿La realidad? La candidatura liderada por Teresa Rodríguez consiguió el 14,84% de los votos.

Algo parecido ocurrió con Ciudadanos. Mientras que las empresas privadas apuntaron que tendría una media del 11,18% de los apoyos, el CIS rebajó este porcentaje al 6,4%. De nuevo, las encuestas electorales de las empresas iban en la buena dirección (posiblemente al valorar más la finalidad directa que el recuerdo de voto), pues el partido de Albert Rivera consiguio en Andalucía un 9,28% de los apoyos. La desconfianza que despierta el CIS se incrementa al no entender la metodología que utiliza en la cocina de los datos, como reconocen en su página web:

La Estimación de Voto no es un indicador comparable al resto de los que se presentan, en la medida en que su método de cálculo jamás se ha hecho público y ha modificado con los distintas equipos de dirección del CIS

¿Qué tamaño de muestra necesito?

Al comparar las distintas encuestas electorales, a la vez debemos fijarnos en la ficha técnica que acompaña a los resultados. En el caso del último barómetro del CIS, el tamaño de la muestra fue de 2.500 entrevistas, sin embargo finalmente se realizaron 2.479. Esta cifra es importante, ya que está relacionada con el error de la propia encuesta. Como explican José M. Pavía y Belén García Cárceles, pueden observarse problemas como el error muestral, el sesgo en la estimación, errores en los resultados y otros factores relacionados con el diseño(design) del cuestionario, el efecto del entrevistador o la forma en la que se recogen los datos. Estos parámetros afectan de forma directa a las soluciones conseguidas en la investigación.El error de la encuesta se disminuye al aumentar el tamaño muestral

Pensemos por ejemplo que una determinada encuesta electoral entrega un 48% de los votos al PSOE y un 52% de los apoyos al PP. ¿Qué ocurriría si en las votaciones estos porcentajes se invierten? El error habrá sido de cuatro puntos, no obstante el estudio sera muy criticado al no haber previsto correctamente quién ganaría. No obstante si una investigación apunta a que un partido posee un 3% de los votos y otro el 97%, y finalmente en las elecciones resultan ser 7% y 93%, el error volverá a ser de cuatro puntos, no obstante el estudio no sera tan polémico. Como explican desde la Universitat de Vàlencia, «siempre es más complicado y amenazador laborar con valores porcentuales cercanos al 50% y por tanto más indispensable elevar el tamaño muestral».

A la hora de crear las encuestas electorales, debemos tener en cuenta la relación entre el margen de error, el nivel de seguridad y el tamaño de la muestra. Si planteamos un nivel de seguridad del 95,5%, como hace el CIS, para disminuir el error debemos aumentar el tamaño de la muestra. En el barómetro de abril, por ejemplo, los investigadores admiten un error real del ±2%. Por el contrario, en el caso de la encuesta de Sigma Dos, publicada por El Mundo, el número de conferencias era de 1.200 para la Comunidad de Madrid y de 800 para la capital. Al plantear un nivel de seguridad del 95,5%, el error de estas indagaciones era mayor que el del CIS (±2,88% para la investigación regional y ±3,53% en el estudio municipal).

Bonus track: las encuestas privadas

En general, las encuestas electorales son polémicas si las publica el CIS o si las elaboran empresas demoscópicas y se difunden luego en los medios de comunicación. ¿Pero qué ocurre con los sondeos que manejan los partidos políticos a nivel interno? ¿Son estas indagaciones más ajustadas a la realidad?

Un estudio elaborado en 2012 por profesores de la Universidad (Estatal) de Harvard y de Yale enseñó que ninguna encuesta se equivoca por pesimista. En el capítulo Campaign Perceptions of Electoral Closeness: Uncertainty, Fear, and Over-Confidence, los científicos, en contribución con el Partido Demócrata de Estados Unidos, recogieron los resultados que anticipaban las encuestas electorales internas que manejaban en las distintas campañas. A cambio de sostener una total confidencialidad, los investigadores pidieron la máxima sinceridad a los equipos.

Tras la conmemoración de las votaciones, compararon los datos internos con los resultados reales. Las soluciones fueron realmente sorprendentes: ninguna encuesta se equivocó al predecir una derrota (cuadrante inferior derecho de la gráfica). En ningún caso, como vemos, las predicciones erraron por pesimistas. Muy al contrario, lo que suele ocurrir es que a nivel interno, se inflan resultados por exceso de optimismo. Tal vez en los datos internos que manejaban se tendió a pensar que el voto oculto o indeciso beneficiaba a los candidatos del Partido Demócrata.

Nada más lejos de la realidad. Las encuestas electorales internas a la vez cuentan con un sesgo importante: la influencia de vuestra propia opinión o perspectiva personal. Pero la influencia a la vez puede darse a la inversa, de forma que la publicación o difusión de sondeos pueda alterar vuestro comportamiento en las urnas. Quizás esa sea la razón por la que la Ley Electoral en España prohíbe dar a entender nuevas encuestas en los últimos cinco días de campaña. En la recta final de las elecciones municipales y autonómicas, ¿acertarán los sondeos publicados? Lo comprobaremos el siguiente domingo.





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