‘The Witcher’ y ‘The Mandalorian’ tienen más en común de lo que parece

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‘The Witcher’ y ‘The Mandalorian’ tienen más en común de lo que parece

Por extraño que parezca, las dos series más populares de la actualidad, están unidas por una única línea: tanto Geralt de Rivia de The Witcher (Netflix) como Mando de The Mandalorian (Disney+), son héroes bajo contrato. Una figura inusual, sin embargo no demasiado novedosa en el universo de las enormes aventuras de héroes y heroínas en busca de la redención. No obstante lo que hace atrayente la relación de tanto Geralt como Mando con el oficio que desempeñan, es que muchas de sus decisiones, tienen relación con la forma en que comprenden la necesidad del dinero, una posición especial que le añade una capa de humanidad desconocida a ambos.

El mago Geralt de Rivia, entrenado para matar a engendros y monstruos que amenazan la tranquilidad de villas y aldeas, va de un lado a otro en busca de trabajo y no continuamente le van bien las cosas. La mayoría de la multitud le teme y quienes no, consideran que su loable labor está a punto de perder importancia a medida que la magia del universo desaparece y lo que otorga valor a su gesta —esa incansable necesidad de luchar y batallar contra todas las formas en que puede manifestarse el mal— se transforma en una leyenda de caminos. Como cazador de monstruo a sueldo, la vida de Geralt —y la forma en interpreta el mundo— se relaciona la mayoría de las veces con un asunto tan prosaico como directo: el dinero.

Lo mismo puede decirse de Mando, el enmascarado cazarrecompensas mandaloriano que viaja por la galaxia en empresa de un pequeño bebé de una raza desconocida. Antes de su encuentro con el niño que cambiaría su historia, Mando se debía a un código de honor, y al mismo tiempo a los límites de sus misiones, cuales sean que estas fueran. Para bien o para mal, Mando dependía para su supervivencia del dinero, de su buen nombre y sobre todo, de su lealtad al código de su planeta, lo que le hacía un hombre “confiable”.

Como Geralt, Mando posee una relación complicada con quienes le contratan: debe admitir que el usuario en cuestión posee intenciones en las que no debe ahondar —y que podrían ser, como en el caso de su último encargo, bastante peligrosas— y a la vez debe obedecerle, al menos en principio. Para Geralt, cuyo código de honor elude que asesine a seres humanos, le hace tener que aclarar cada cierto tiempo que no es un asesino a sueldo. Lo cual, la mayoría de las veces le pone en situaciones complicadas o al menos lo bastantemente arriesgadas para inclusive temer por su integridad física.

Quizá, lo más extraño de la relación de entrambos personajes con el dinero sea justo el hecho que no se trata de un elemento novedoso: ya Jessica Jones dependía de su habilidad para resolver casos para sobrevivir. Lo mismo que Matt Murdock/Daredevil, que continuamente parece al reborde de la bancarrota por su insistencia de representar caso que en la mayoría de los casos, apenas le reportarán un entusiasta agradecimiento. Lo mismo puede decirse de Spider-Man, que pasa la mayor parte del tiempo resolviendo ese difícil problema de ser un adulto adolescente en una ciudad costosa y en apariencia despiadada como Nueva York, al mismo que intenta salvarle de una nutrida colección de villanos.

No obstante, tanto el melancólico Geralt como el taciturno Mando, llevan las cosas a un lugar por completo nuevo: el mago pasa los tres primeros capítulos de la serie corriendo el continente sin nombre en que el habita, en busca de trabajo y de alguna manera providencial, tropezándose con los elementos que cambiarán su destino. Con un estilo más sofisticado y apoyado en la detallada mitología Star Wars, The Mandalorian posee asimismo que obedecer una línea de comportamiento de la cual depende su trabajo futuro. En el instante en que Geralt de Rivia abandona su búsqueda y se incorpora de manera consciente a una situación que le sobrepasa, su historia se transforma para siempre. De la misma forma, cuando Mando decide desobedecer al rígido código mandaloriano y tomar decisiones emocionales, el universo tal y como lo conoció toma un rumbo nuevo.

¿Se trata de una coincidencia que las dos series más populares de la actualidad mediten sobre ese prosaico asunto del trabajo en contraposición con los ideales morales? Podría ser así, a no ser por el hecho notorio que tanto Geralt como Mando son representaciones de un tipo de moral antigua o al menos tradicional, que debe lidiar con la forma en que comprendemos la avaricia, la ambición y al final las tentaciones del dinero. El mago pudo facilmente compensar su falta de trabajo como cazador de monstruos empleando sus importantes politicas y cualidades para convertirse en asesino a sueldo. Mando pudo obedecer al usuario y empezar “de nuevo”, como le sugiere Kuiil (Nick Nolte) una vez que otorga al bebé al personaje interpretado por Werner Herzog. No obstante ni lo uno ni el otro lo hace, lo que les transforma en parias (al menos en el caso de Mando), no obstante sobre todo en propietarios de su destino. Un elemento de gran importancia en entrambos series.

Un viaje por el espíritu de la moral y un poder misterioso

Geralt de Rivia, Ciri, Cirilla, Yennefer
Netflix

Sin duda, el hecho que tanto Geralt como Mando decidan mantenerse leal a sus ideales es una forma muy sutil —y más mundana de lo que pueda suponerse— de representar un ideal moral. Una versión-RC del bien y del mal entró íntegramente en la manera en que el héroe asume su identidad y sobre todo, la forma en que batalla contra la tentación de admitir su lugar el mundo. Tanto en una como en otra serie, el ideal de quién podemos ser —o quisiéramos ser— se transforma en una batalla contra enemigos formidables o criaturas portentosas, y con algo tan humano como cotidiano: el mero hecho de sobrevivir. Y allí su éxito.

Además, tanto Geralt de Rivia como Mando son personajes solitarios. Ninguno de los dos podrá recurrir a un gremio, un grupo o inclusive obtener el apoyo de su propia raza o cofradía. Entrambos son renegados y de alguna manera, marginados por la comunidad y a la vez por sus iguales. Mientras Geralt debe explicar con poca paciencia al hechicero Stregobor que “no es un asesino a sueldo”, Mando debe enfrentarse al hecho de convertirse en un renegado —y que su cabeza tenga precio— por atender a su conciencia en lugar de los claros alinimientos de su profesión. Hay un elemento sin incertidumbre muy duro y complejo, en el hecho que los personajes deban luchar con la oportunidad de su propia supervivencia, sobre la posición de obedecer o romper su propio criterio sobre la bondad y la maldad. Y entrambos shows, en especial The Mandalorian, hace un hincapié en la forma en que este mandaloriano, quizás uno de los últimos hombres de su planeta, deba asumir las consecuencias de una decisión que le aleja de la vida que hasta entonces llevó o conoció.

La soledad de los personajes —en el caso de Geralt, su posición de lobo solitario y de nómada inevitable— condiciona además, el hecho de cómo asume su trabajo o cómo debe replantearse una y otra vez, como lo lo lleva a cabo. Ni Mando ni Geralt tienen un lugar al cual volver, un espacio seguro al cual regresar en caso de heridas o de situaciones extremas. Apenas uno confía en su caballo Sardinilla, mientras que Mando en su nave Razor Crest. Una versión-RC sobre el desarraigo y la soledad, que añade presión a las distintas misiones encomendadas a ambos.

¿Es tanto la historia de Geralt de Rivia como la de Mando una forma de admitir un renovado tipo de independencia moral de considerable importancia? Al menos, es obvio que entre los personajes hay una correlación muy obvio que transforma a sus historias en pequeñas metáforas sobre la forma en que las decisiones correctas o incorrectas a menudos se relacionan con la forma en que comprendemos vuestro mundo. Después de todo, las misiones que se le suelen encargar a Geralt, a menudo son sucias, peligrosas e ingrata a cambio de unas cuantas monedas que apenas cubren el coste del riesgo o el sacrificio que el mago dedicó a realizarlas. Lo mismo puede decirse de Mando, cuya vida precaria está muy relacionada con la necesidad de ser considerado bueno en lo que hace y además, recompensado en consecuencia.

Desde esa perspectiva, la moral en entrambos series, debe pasar un lugar ingrato, mundano y realista para tomar un sentido mucho más ideal. Los caballos, armaduras, espadas, bláster, cascos y otras muchas herramientas(tools) que usan Geralt y Mando cuestan dineros y deben ser repuestos, en la medida de lo inmediato. ¿Puede la supervivencia influir en sus decisiones? En la corte de la Reina Calanthe, Geralt se ve forzado por enésima vez a imaginar que no asesina a hombres “sólo por gusto”, a pesar de las insinuaciones de la soberana de una “considerable paga” por asesinar a Duny. Mando debe ingeniarselas para alcanzar mantenerse a flote buena parte de la serie, cuando no sólo se transforma en un perseguido por sus previos clientes, sino por buena parte de los cazarrecompensas que como él tratan de sobrevivir.

De modo que los universos en que se mueven los argumentos de The Witcher y The Mandalorian, nada es grautito ni posee por qué serlo. Y esa necesidad del pago y la retribución, es el contrapeso ideal para meter a prueba la integridad, valor y buenas intenciones de personajes que al principio, parecen ser lo bastantemente ambiguos como para sospechar de su comportamiento. ¿Geralt sera apto de matar a una princesa que con una venganza a cuestas para cerciorarse algunas monedas? ¿Mando de olvidar al Niño y continuar, para preservar su buena reputación y futuro?

Los dilemas morales tanto en la serie de Netflix como en la Disney+, son cercanos, comprensibles y sobre todo, humanos. Una connotación sobre la transformación moral de los personajes que hace más ricos, multidimensionales y profundos a los planteamientos sobre su comportamiento. Mientras Mando recorre la Galaxia con el Niño a cuestas, Geralt arriesga su vida para meter a salvo a la desconocida princesa, que debe proteger por obra del destino. Tanto el Mandaloriano como el brujo, son conscientes que una decisión semejante pone en riesgo su futuro inmediato y su estilo de vida. Y todavía así, toman la decisión de continuar. Los héroes modernos deben batallar con situaciones muy semejantes a las de cualquiera y lidiar con esa sencillez de la vida cotidiana que lleva tanto sacrificio superar. Quizás el mayor éxito de entrambos historias.

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